jueves, 5 de enero de 2012

Sin perdón

Hoy os hablaré de aprendizaje.

Y lo explicaré mediante una sencillísima metáfora que hasta los descerebrados y belicosas jueces de los tribunales de EE.UU. podrán entender mi tesis:

Plantamos unas semillas. Esperamos que crezcan frutos pronto. Pasamos, por ejemplo, a los 3 meses. No hay frutos. Pues a tomar por culo las plantas, si no han dado fruto ya es que no sirven para nada, así que las arrancamos y vuelta a empezar.

¿Cuál es el fallo? Que hay que esperar un poco más que salgan frutos, ¿no?. Debemos dar una oportunidad a las plantas para que crezcan en buenas condiciones, que maduren, y no castigarles antes de que pueden mostrar su potencial

Pues en el país de la Gran Manzana son bastante brutos y no lo entienden. De acuerdo, un menor de edad puede hacer algo horrible, verdaderamente horrible... ¿pero acaso esas personas están en disposición de ser juzgadas como cualquier otra persona? ¿Acaso han terminado de desarrollarse? Un chaval de 16 años puede que no pegue otro estirón, peor no parará de desarrollarse neurológicamente hasta aproximadamente los 22 años, y su madurez mental tardará aún muchos años más en llegar. A eso añadidle que la mayoría de jóvenes problemáticos y agresivos vienen de entornos familiares y locales semejantes. ¿A un hombre hecho y derecho de, digamos, 30 años, se le puede castigar por algo que hizo con 15 años, siendo una masa ignorante de hormonas que se deja llevar más por las emociones que por la razón?

Y encima condenadles a cadena perpetua. Lo más seguro es que a los pocos años de entrar en prisión sus mentes maduraran lo suficiente como para luchar contra sus instintos y hábitos inculcados por su entorno y hacerse conscientes de que lo que hicieron estaba mal, arrepentirse y desear devolver a la sociedad una parte del daño ocasionado, o incluso superarlo.

Ah no, que no saldrán nunca.

Y sin posibilidad de libertad condicional. A un chaval de 15 años convencido de que se pasará el resto de su existencia entre las mismas cuatro paredes, sorteando palizas y violaciones cada día y ni un solo "eh chaval, lo estás haciendo bien, sigue así y el mundo te perdonará".

En un entorno semejante, ¿de qué serviría arrepentirse? Yo, personalmente, me llenaría de más y más odio, y me encargaría de hacer conocedores de mi infierno a todos los que me rodearan, tanto reclusos como personal penitenciario. O puede que ante semejante panorama hostil y sin posibilidades de perdón, intentara suicidarme cada noche hasta reunir el valor suficiente. O volver a la primera opción, pero esta vez con el objetivo de ser condenado por fin a una pena de muerte, dejar de sufrir, y de paso dejar de malgastar fondos del Estado en mantenerme torturado física y espiritualmente.

Eso no es aprendizaje. Es barbarie.
P.D.: ¿Habéis visto American History X? Yo vengo de verla (sí, lo sé, mejor tarde que nunca), y ese es un maravilloso ejemplo de aprendizaje. Un buen aprendizaje que surge de UNA OPORTUNIDAD para redimir los errores. Una oportunidad para aprender.

El arrepentimiento es el remordimiento aceptado


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