martes, 29 de noviembre de 2011

Mateo 7:7

Desde antes de alcanzar la universidad, yo me imaginaba la construcción de la psique de un ser humano como algo así:

Un trozo de plastilina, único en características, como el color y la forma. Estos primeros rasgos serian para mí la base del individuo, su genética. Pero después llegaba el factor que para mí constituye el 95% de todos nosotros. Nuestro ambiente. Cojamos como punto de partida la constitución del sistema nervioso del "pedazo de plastilina" en el útero. Ya graba parte de lo que percibe, y los hábitos de la madre pueden afectar a su desarrollo. Apenas son caricias sobre la superficie de nuestra figura. Al nacer empiezan los golpes.

Y la figura de plastilina se deforma completamente. Sea a base de puñetazos, punzadas con un lápiz, arrancarle pedacitos o incluso pegarle trozos de otras figuras de plastilina (las famosas plastilinas multicolores que abundaban en cualquier guardería a los pocos minutos de uso).

He ahí al ser humano. Yo soy yo y mi circunstancia, dijo Ortega y Gasset muy sabiamente. Somos frágiles hojas a merced del tiempo, no elegimos nuestro color al nacer, ni tampoco los golpes que nos darán y que irán cambiándonos a lo largo de los años.

Antes de elegir esta carrera no tenía muy claro que las personas pudieran cambiar. Más bien pensaba que podría "prevenir" las circunstancias que producían a las "malas personas".

Pero el cerebro es plástico. Cambia constantemente, no solo en el pensamiento, sino físicamente. No tendremos la misma neuro-imagen ahora que dentro de cinco años. Menos neuronas tal vez, pero muchísimas más conexiones en distintas zonas (lo que conlleva desarrollar diferentes funciones, mejorarlas, atrofiarlas y mantenerlas en un cierto equilibrio para que no nos fallen cuando las desenpolvemos).

Sed optimistas. Creed en el bien, en la suerte y la esperanza. Poned ilusión y voluntad en cada empresa que iniciéis. Carpe diem (no la interpretación tan popularizada en la sociedad occidental de "el placer por el placer", sino el exprimir cada momento para aprender, movernos, tener verdaderas vivencias que nos enriquezcan).

Los neurocientíficos han demostrado que no solo somos hojas a merced del viento. Podemos ser piedras que caen hacia el fondo de un estanque, rectas y decididas, prácticamente impasibles ante la corriente. Podemos elegir cómo queremos ser. Eso sí, tenemos que esforzarnos. He ahí la máxima expresión de la libertad. Que nadie os diga lo que podéis ser o dejar de ser. Eso lo determina vuestra voluntad.

Si queréis ser personas más inteligentes, alegres y bondadosas: SEDLO. Y con el tiempo lo seréis de verdad.


Pedid y se os dará

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