viernes, 28 de octubre de 2011

Schadenfreude

Soy una buena persona.


Claro que sí. Todo el mundo lo piensa, yo lo pienso, ¿porqué preocuparme?


O... lo pensaba.


Es muy curioso. Ser siempre considerado el niño bueno de la familia, el buen estudiante, el chaval educado y altruista, y de repente, un día, darte cuenta tú solo de que no es así. Te refuerzan y te refuerzan, y al final te das cuenta de que solo haces lo conveniente por el refuerzo, no porque de verdad lo sintieras así... El ansia de reconocimiento social, consciente o inconsciente, es lo que me ha hecho ser lo que soy a lo largo de mis casi veinte años de existencia. Ésa ha sido mi identidad. No era un impulso sobrenatural por hacer lo correcto y seguir mis convicciones, como tantas personas a mi alrededor creían y, por tanto, me alababan y me ponían por las nubes delante de mis padres.


Pues seguramente, durante toda mi vida, lo único que he buscado no ha sido el bien de la humanidad, sino la aceptación.


En realidad, soy un cabrón.


¿Por qué? Por muchas pequeñas cosas en el día a día. Pero hoy, en cuanto el profesor ha mandado confeccionar grupos para hacer una exposición en un par de semanas, no ha dudado en apartar a una compañera que se había pelado esa hora, formando ya un grupo con el número máximo de miembros con los "amiguetes" de clase. Sin pensar en hacer dos grupos más pequeños para que ella, al llegar, tuviera un grupo de confianza donde trabajar esa exposición. Mi conducta instintiva fue dejarla tirada, solo quería castigarla por haberse pelado una clase. Y seguro que habrían corrido ríos de tinta de indignación si el que se hubiera pelado la clase en que anunciaran trabajos por grupos hubiese sido yo y me hubieran dejado tirado.


En el metro, me sentí como una basura. Está feo ser una mala persona. Está más feo aún ser una mala persona, y ocultarlo.


Quiero purgarme.



Y es que es una canción muy sabia. Schadenfreude puede hacer feliz a mucha gente. Deja de alegrarte de las desgracias ajenas. Deja que los demás se rían de las tuyas. Y es que el ideal de la risoterapia, el reírse con los demás en vez de de los demás está muy bien. Pero dejar que los demás se rían de ti a propósito para hacerlos felices...

No considero un altruismo más puro que el que beneficia a los demás por sacrificarte voluntariamente.

Ahora quiero ser payaso de hospital.


P.D.: Recomiendo con mucho fervor la película española (confiad en mí...) Mientras duermes, con Luis Tosar (más conocido como Malamadre en Celda 211). Un personaje interesante y bien construido, tensión y una buena dosis de Schadenfreude, pero con mucho hijoputismo :D

Y como dijo el maestro: "La verdadera manera de obtener la felicidad, es haciendo felices a los demás"

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